¿Dónde termina lo que creemos que somos y dónde empieza lo que somos en verdad?
Opino que lo primero se ve en gran medida limitado por lo segundo. Puede que estemos culturalmente acostumbrados a vivir con limitaciones, y hasta hayamos encontrado una falsa comodidad en ellas. Si tuvieramos la libertad de hacer lo que querramos con todo nuestro poder como seres humanos, es posible que no supiéramos por dónde arrancar. Entonces nos construímos nuestros propios límites, constantemente estamos rebajando nuestras capacidades.
Muchas cosas que no puedo hacer se deben a que digo -y me digo a mí mismo- que no las puedo hacer. Tal vez este tipo de conductas se originen porque en algún momento de la vida alguien nos dijo "sus un/a inútil" o algo por el estilo... a todos nos ha sucedido alguna vez. Y no éramos tan inoperantes, simplemente no lográbamos concentrar nuestra energía en una demanda que nos era ajena. Derrochamos eternidades tratando de satisfacer exigencias de otros, y cuando nadie nos presiona, el mismo acostumbramiento nos ha llevado a suplir esa falta solos y autoexigirnos y castigarnos por las falencias. Así comenzamos muchas veces a creer de verdad que somos incapaces.
El problema con el "no puedo" es que lo cerramos como una válvula, sin dejar que se abra otra vez por mucho tiempo o tal vez por siempre. Que no logremos algo ahora o que no hayamos podido antes (aún si fue a lo largo de toda nuestra vida) no significa que no vayamos a poder luego.
Deberíamos aprender a reinventarnos o a sorprendernos de nosotros mismos, y callar un poco esas voces (internas y externas) que en todo momento nos dicen cómo somos y cuál es la actitud esperable conforme a un resúmen estadístico de nuestro desempeño en la vida. Por más que intentemos absurdamente, nunca vamos a lograr parecernos a nuestros preciados sistemas informáticos. Somos humanos, y como tales, impredecibles y cambiantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario