martes, 30 de abril de 2013
Relato del día que nunca fue
Desperté sabiendo que el día de hoy simplemente no iba a ser para mí, tal vez hoy le tocaba a otro. No me esperaba con los brazos abiertos para que corriera a su encuentro ni me traía dulcemente el desayuno a la cama. Me ignoraba y detesto que me ignoren, porque es lo que me hago a mí mismo.
Como quienes salen de fiesta y "pasan de largo" la noche, sin dormir, yo hubiera pasado de largo el día para despertarme al siguiente. Todo fue como una de esas películas de cine independiente con largas escenas de silencio y estaticidad. La ducha fue eterna y atrás de mi mirada inerte divagaban recuerdos de hechos que tal vez ni sucedieron, o fueron totalmente diferentes. Mi memoria me tortura embelleciendo aún más los recuerdos bellos, haciendo que parezcan imposibles. Milagros que ocurrieron una vez sola por un posible error cósmico, y lo correcto sería entender que no va a volver a suceder algo así.
La noche fue aún más extraña. Caminé por pasillos repletos de gente que me brindaba así como si nada sus cálidos y afectuosos saludos. Como si me los mereciera. Lo cierto es que no los podía oír bien, las voces de las personas que ya no me hablan sonaban mucho más fuerte, hacían mucho ruido. Entendí que la soledad es sólo de adentro, el primero que falta es uno mismo. Me sentí culpable por no poder embriagarme de esa alegría que tan desinteresadamente me regalaban.
Me sentí como un espectador solitario mirando una película que trataba sobre un tipo sociable, afectuoso y enérgico.
Con suerte mañana me toque a mí.
martes, 16 de abril de 2013
Caos aleatorio
Hoy sentí que tenía ganas de contarle a todo el mundo lo fracasado que creo que soy, pero sin que creyeran que intentaba dar lástima y sin que procuraran consolarme. Y eso que no creo en el fracaso... claramente hoy no fue el mejor día.
A un amigo le dije que no siempre se trata de buscar la felicidad, sino de buscar cosas con las cuales uno se sienta cómodo en todo momento, también cuando generan sufrimientos. Que sufriendo por amor estoy normalmente cómodo. Eso sí, en este día hubiera preferido una tregua. Es difícil no poder discernir si el problema son las cosas que me preocupan o la falta de los abrazos y las palabras que los aplaquen.
Últimamente digo poco, inclusive por este medio. Tengo una extraña sensación, como de haber dicho todo. Estimo haber llegado al punto crítico en el cual nada más puedo decir que aporte a que algo cambie. Si quiero modificar algo debo hacerlo por otros medios, y me he vuelto más callado. Cuando digo más palabras, carecen de contenido.
Ahora lo más paradójico, si pudiera cambiar todo en un simple acto, sospecho que realmente no sabría qué cambiar o siquiera si deseo hacerlo. Sí, antes unas cuantas cosas parecían mejores, pero ¿y si llegaron a ese punto en el cual, como una obra de arte, ya no hay que tocarlos más porque seguir esculpiendo sería comenzar a arruinarlos?
Soy obsesivo, extremista y excesivo, puede que la vida esté eligiendo por mí los puntos de inflexión para que no transforme a los hechos agradables en algo nefasto.
A un amigo le dije que no siempre se trata de buscar la felicidad, sino de buscar cosas con las cuales uno se sienta cómodo en todo momento, también cuando generan sufrimientos. Que sufriendo por amor estoy normalmente cómodo. Eso sí, en este día hubiera preferido una tregua. Es difícil no poder discernir si el problema son las cosas que me preocupan o la falta de los abrazos y las palabras que los aplaquen.
Últimamente digo poco, inclusive por este medio. Tengo una extraña sensación, como de haber dicho todo. Estimo haber llegado al punto crítico en el cual nada más puedo decir que aporte a que algo cambie. Si quiero modificar algo debo hacerlo por otros medios, y me he vuelto más callado. Cuando digo más palabras, carecen de contenido.
Ahora lo más paradójico, si pudiera cambiar todo en un simple acto, sospecho que realmente no sabría qué cambiar o siquiera si deseo hacerlo. Sí, antes unas cuantas cosas parecían mejores, pero ¿y si llegaron a ese punto en el cual, como una obra de arte, ya no hay que tocarlos más porque seguir esculpiendo sería comenzar a arruinarlos?
Soy obsesivo, extremista y excesivo, puede que la vida esté eligiendo por mí los puntos de inflexión para que no transforme a los hechos agradables en algo nefasto.
lunes, 1 de abril de 2013
Escena 19 (fragmento)
-¿Sabés cómo sé que me gusta?
-¿Cómo?
-Porque veo las fotos que sube ella y me duele verlas.
-"Como una patada en el corazón", decía Dolina. ¿Eso es atracción real, o es una fantasía en la cual uno busca provocarse este tipo de sentimientos?
[...]
-(Kierkegard) dice que él tiene dos placeres, el momento de las aventuras y el momento de narrarlas. Dice que son igual de placenteros, como para un trovador o un cuentista. Si lo ves al revés, también funciona: no la aventura y su narración, sino la aventura y su anticipación. Acercarte al objeto de deseo, sentirlo antes de tenerlo.
-Al final la aventura es como el presente, todo el mundo dice que es lo importante pero en realidad no es más que el balanceo efímero que justifica que estén los otros dos lados.
-Lo que decíamos de que si no vivís no tenés sobre qué escribir.
martes, 19 de marzo de 2013
Perdón por la brevedad
Noto que las personas tenemos una fuerte tendencia a obsesionarnos con ordenar los hechos de nuestras vidas. Queremos ver al pasado como una colección de sucesos viejos y obsoletos que guardamos en un polvoriento cajón de recuerdos, y al futuro como una puerta que podemos abrir y cruzar a un mundo totalmente nuevo y desconocido.
El presente sería un proceso incómodo de transición entre los anteriormente mencionados.
Este post lo comencé a escribir hace dos noches y planeaba ser algo más extenso, pero me venció el sueño y me acosté dejándolo inconcluso. Ya no recuerdo cómo iba a proseguir y tampoco quería borrarlo o inventar algo que no concordara con lo que sentí en el momento.
Lo único que recuerdo, es que iba a plantear el interrogante de si realmente es así, o si los hechos siempre perduran anidándose entre sí.
Perdón por la brevedad, buenas noches.
El presente sería un proceso incómodo de transición entre los anteriormente mencionados.
Este post lo comencé a escribir hace dos noches y planeaba ser algo más extenso, pero me venció el sueño y me acosté dejándolo inconcluso. Ya no recuerdo cómo iba a proseguir y tampoco quería borrarlo o inventar algo que no concordara con lo que sentí en el momento.
Lo único que recuerdo, es que iba a plantear el interrogante de si realmente es así, o si los hechos siempre perduran anidándose entre sí.
Perdón por la brevedad, buenas noches.
viernes, 15 de marzo de 2013
Sueños III: Catástrofe de empatía
Poco más de un año y medio hacia el pasado, salía yo con una joven tan sublime como fugaz. Me acompañaba ella en mi sueño por un paseo por el centro de la ciudad.
Paseamos como si no existiera el resto del mundo durante un momento y luego se tuvo que marchar por más que aún siguiera transcurriendo la tarde. Yo se lo había pedido, le dije que se fuera y se adentrara más en la ciudad hacia un lugar seguro. Le expliqué que yo no podía irme porque aún había gente en la playa y debía ir a encargarme de ellos. Nos despedimos con un beso casual y ella se fue caminando, Yo apuré el paso hacia el lado opuesto.
Llegué a la zona de La Perla y descendí a la playa. El sol estaba próximo a ponerse y un puñado de personas dispersas aún permanecían allí, disfrutando de la paz de ignorar los hechos venideros. Yo ya sentía las primeras vibraciones en el suelo y un murmullo ultragrave desde lejos. Se avecinaba un tsunami y sólo yo lo sabía.
Por qué el destino me había elegido a mí como único conocedor de la catástrofe inminente, no podía saberlo. Pero sin lugar a dudas me había cargado con la responsabilidad de dar la alerta a los demás. Todas las personas tomaban sol con los ojos cerrados y no divisaban la ola monstruosa que ya se acercaba. Grité con todas mis fuerzas y al escucharme pudieron ser testigos del nefasto regalo venidero y huír a tiempo. Con la excepción de unos pocos individuos que, al tener auriculares puestos, no oían mi voz. Tuve que acercarme a ellos uno por uno y sacudirlos para que despertaran, un poco escoltándolos hacia la salida mientras el tsunami ya casi tocaba la playa.
Sabía que era el momento de irme para ponerme a salvo, pero no pude dejar a la última persona que quedaba inerte. Una vez evacuada, quedé solo sobre la arena y me di vuelta para enfrentar mi destino. Inmediatamente, sin siquiera darme tiempo de contemplar el horizonte una última vez, la inmensidad del mar me golpeó violentamente y me arrastró contra la pared de cemento que separa a las playas de La Perla con la ciudad, que se encuentra varios metros más arriba. Pude sentir como si fuera real el dolor del impacto aplastante de la ola, y el de mi cráneo rompiendo contra la muralla.
Todo el cuerpo me dolía intensamente y pensaba en que no tenía por qué haber terminado así y que nunca volvería a verla a ella. Esperaba morirme pronto para no sentir más dolor. Pero mis últimos pensamientos fueron el alivio de saber que tanto ella como quienes estaban en la playa habían sobrevivido.
Siempre dudo si debería estar contento, o si algo de mí me manifestaba estar ya cansado de morir tantas veces por los demás.
domingo, 10 de marzo de 2013
El fantasma
El barrio de La Perla fue moneda corriente de este verano que se va, hogar casi diario de aventuras jubilosas entre nuevos y grandes amigos.
Una noche, entre las cinco y las seis de la mañana, decidí tomar la costa para hacer parte del camino de regreso a casa. Olvidé que había estado evitando ese camino antes por una razón: en una de esas playas había un fantasma. O dos. Un fantasma es alguien que ha muerto pero se niega a dejar un plano existencial. Y ahí estaba yo en mi versión reverberante, y ahí estaba ella, al lado.
Esa noche y las anteriores habían sido tan eufóricas que sentía tener la energía y el coraje suficientes para esta vez enfrentarme. Así que me quité el miedo y los vi.
Estábamos sentados sobre una piedra en el medio de la arena, una butaca privilegiada para contemplar el mar. Era esa misma hora, pero una noche tal vez unos ocho meses atrás, o más. Me sentía cómodo con ella como si no fuera una de las primeras veces que la veía en toda mi vida.
Conversábamos, entre muchas otras cosas, del tiempo. Tal vez éste nos escuchó y se molestó, porque hizo que las horas parecieran minutos.
Hablamos del pasado y dije que tenía la teoría de que el propósito de los momentos era el de convertirse luego en nostalgias.
En ese momento quise bajar a la playa y decirle a ese antiguo yo que ya no pensaba lo mismo, que debía aprender a dejar ir y a no pensar tanto en el final.
Entonces por un instante los dos fuimos uno, el fantasma y yo nos fusionamos. En lugar de ir a hablarme, opté por guardar silencio y escucharla a ella. En un poco más de medio año no había cambiado mi perplejidad ante el sonido de esa voz y esas palabras profundas. Ahí entendí todo: mientras enunciaba mis expectativas de transformarme en un futuro nostálgico, lo que ocurría en el fondo era que rogaba por congelar ese momento y quedarme ahí para siempre.
Pensé en mirarme a los ojos y contarme el futuro. Inmediatamente sentí que no podría arruinarle a ese viejo yo la intriga de conocer el final. Tenía miedo de que si hubiera sabido cómo sería la conclusión, tal vez hubiera elegido evitar embarcarme en esa travesía. Si algo tengo bien en claro es que bajo ningún concepto optaría por no haberlo vivido tal y como fue.
Me sentí bien mientras daba media vuelta y me marchaba en silencio, dejando a los fantasmas solos. Supe que a mis espaldas se liberaban y se esfumaban. De ahora en más podré volver a esas playas y, sin que los fantasmas me obstruyan la vista, divisar en ellas un posible futuro, una nueva historia.
jueves, 7 de febrero de 2013
Hablar a los gritos
Las cosas han sido un poco extrañas últimamente.
Hoy conversaba con Pablo y le decía que me sorprendía que, siendo la rebeldía una de mis características más fuertes, no haya podido rebelarme contra mí mismo y me haya vuelto tan dogmático.
Pensé que tal vez con justa razón estuve tan enojado conmigo, entonces decidí que la manera de dejar de ser tan el yo de siempre era haciendo cosas que normalmente no haría.
Lo vengo realizando y los resultados frecuentemente son, para mi sorpresa, gratos. Otras veces no tanto, pero le tomé el gusto a esto de aprender a cometer el error primero y despues reconocerlo. Soltar riendas y cadenas, liberarse de la prisión que uno mismo construyó y mantuvo.
Algunas experiencias se vieron un poco frustradas porque mi antagonista (o sea yo mismo, como era de esperarse) insistió en culparme por estar sintiendome bien. "Vos tendrías que estar angustiado en este momento." ¿Qué tan malvado se puede ser con uno mismo?
La sorpresa (cuando es grata) es uno de los factores más bellos de la vida y este afan de tener todo bajo control la estuvo coartando por completo. Vivir de ese modo es sinónimo a gran escala de lo que sería participar de una conversación pero hablando al mismo tiempo que los demás y a los gritos, nunca escuchando. Despues del ruido los oídos necesitan unos segundos para volver a adaptarse al silencio. Al principio, el mismo es absoluto y luego la audición comienza a abrirse y captar los sonidos sutiles.
Volver a escuchar cómo el viento hace danzar a las hojas de los árboles y volver a sorprenderse de lo elemental. Recordar la belleza de las cosas simples que siempre estuvieron ahí pacientes ante nuestra negligencia.
Hoy conversaba con Pablo y le decía que me sorprendía que, siendo la rebeldía una de mis características más fuertes, no haya podido rebelarme contra mí mismo y me haya vuelto tan dogmático.
Pensé que tal vez con justa razón estuve tan enojado conmigo, entonces decidí que la manera de dejar de ser tan el yo de siempre era haciendo cosas que normalmente no haría.
Lo vengo realizando y los resultados frecuentemente son, para mi sorpresa, gratos. Otras veces no tanto, pero le tomé el gusto a esto de aprender a cometer el error primero y despues reconocerlo. Soltar riendas y cadenas, liberarse de la prisión que uno mismo construyó y mantuvo.
Algunas experiencias se vieron un poco frustradas porque mi antagonista (o sea yo mismo, como era de esperarse) insistió en culparme por estar sintiendome bien. "Vos tendrías que estar angustiado en este momento." ¿Qué tan malvado se puede ser con uno mismo?
La sorpresa (cuando es grata) es uno de los factores más bellos de la vida y este afan de tener todo bajo control la estuvo coartando por completo. Vivir de ese modo es sinónimo a gran escala de lo que sería participar de una conversación pero hablando al mismo tiempo que los demás y a los gritos, nunca escuchando. Despues del ruido los oídos necesitan unos segundos para volver a adaptarse al silencio. Al principio, el mismo es absoluto y luego la audición comienza a abrirse y captar los sonidos sutiles.
Volver a escuchar cómo el viento hace danzar a las hojas de los árboles y volver a sorprenderse de lo elemental. Recordar la belleza de las cosas simples que siempre estuvieron ahí pacientes ante nuestra negligencia.
lunes, 28 de enero de 2013
Sueños II: La habitación desordenada
Este sueño lo tuve en el año 2009 si no me engaña la memoria.
Había alguien acostado en una cama desordenada, creo que era yo. Me veía en tercera persona, de hecho el sueño eran imagenes desde un punto fijo (como desde la pared) como las mostraría una cámara de cine, sin interactuar. La habitación me correspondía, pero no se asemejaba a mi habitación en el mundo real.
Aplastado por la depresión, no me movía y todo a mi alrededor era un caos. Desparramados por el suelo y las estanterías yacían fotos, cartas, discos, ropa y demás cosas. Lo curioso es que todas ellas eran una representación material de cada uno de mis problemas. Cartas y fotos de personas que me hacían mal o que ya no estaban, o juguetes viejos de la infancia marchita, por ejemplo.
La puerta se abrió para dar paso a una persona desconocida, aparentemente mujer, aunque llevaba una capucha y túnica, apenas se veían sus rasgos físicos.
Esta intrusa llevaba una bolsa dentro de la cual comenzó a dejar caer cuanto objeto había en el desorden del cuarto, no sin antes romperlos si se trataba de papeles.
Por cada objeto que tiraba, yo olvidaba el problema al cual representaba y progresivamente me iba sintiendo mejor. Terminada la limpieza, encendió una hoguera con la bolsa llena de todo lo que había recogido. Mi alma se limpió de penas, mi memoria se abrió para nuevos recuerdos a futuro, y me sentí curado de pesares.
Si bien creo que la metáfora es bastante clara, nunca pude saber si esa persona era alguien que conocía o alguien que estaba por venir. Si así era, al día de hoy me pregunto si ese ser ya apareció en mi vida o sigue siendo alguien por venir. O si se trata realmente de una persona.
Había alguien acostado en una cama desordenada, creo que era yo. Me veía en tercera persona, de hecho el sueño eran imagenes desde un punto fijo (como desde la pared) como las mostraría una cámara de cine, sin interactuar. La habitación me correspondía, pero no se asemejaba a mi habitación en el mundo real.
Aplastado por la depresión, no me movía y todo a mi alrededor era un caos. Desparramados por el suelo y las estanterías yacían fotos, cartas, discos, ropa y demás cosas. Lo curioso es que todas ellas eran una representación material de cada uno de mis problemas. Cartas y fotos de personas que me hacían mal o que ya no estaban, o juguetes viejos de la infancia marchita, por ejemplo.
La puerta se abrió para dar paso a una persona desconocida, aparentemente mujer, aunque llevaba una capucha y túnica, apenas se veían sus rasgos físicos.
Esta intrusa llevaba una bolsa dentro de la cual comenzó a dejar caer cuanto objeto había en el desorden del cuarto, no sin antes romperlos si se trataba de papeles.
Por cada objeto que tiraba, yo olvidaba el problema al cual representaba y progresivamente me iba sintiendo mejor. Terminada la limpieza, encendió una hoguera con la bolsa llena de todo lo que había recogido. Mi alma se limpió de penas, mi memoria se abrió para nuevos recuerdos a futuro, y me sentí curado de pesares.
Si bien creo que la metáfora es bastante clara, nunca pude saber si esa persona era alguien que conocía o alguien que estaba por venir. Si así era, al día de hoy me pregunto si ese ser ya apareció en mi vida o sigue siendo alguien por venir. O si se trata realmente de una persona.
sábado, 26 de enero de 2013
El otro extremo
Y de golpe salió un llanto sincero, profundo. Pero realmente profundo, era la raíz del alma.
Tuve que tirar de una soga muy extensa para ver hasta dónde llegaba y qué había en el otro extremo.
¿Por qué? es que me sentía bien. Ahí caí en la cuenta que todo lo que es extremadamente bello expulsa lágrimas de mí.
Algún infante jugando, la luna llena y su halo de luz cuando está rodeada de nubes, la música que cantan mis amigos. Cruzada cierta línea la sonrisa deriva en un llanto. Repito la pregunta: ¿Por qué?
Y se me ocurrió que existe la posibilidad de que cuando ocurre algo demasiado bello y logramos percibirlo, lloramos por todas las otras veces en las que habrán sucedido cosas similares delante de nuestros ojos y no las notamos.
¿Cuál es el velo que nos tapa de los detalles que suceden todo el tiempo alrededor?
¿De cuántas cosas nos estaremos perdiendo?
Espero que algún día aprendamos a perdonarnos por ser tan ciegos.
Tuve que tirar de una soga muy extensa para ver hasta dónde llegaba y qué había en el otro extremo.
¿Por qué? es que me sentía bien. Ahí caí en la cuenta que todo lo que es extremadamente bello expulsa lágrimas de mí.
Algún infante jugando, la luna llena y su halo de luz cuando está rodeada de nubes, la música que cantan mis amigos. Cruzada cierta línea la sonrisa deriva en un llanto. Repito la pregunta: ¿Por qué?
Y se me ocurrió que existe la posibilidad de que cuando ocurre algo demasiado bello y logramos percibirlo, lloramos por todas las otras veces en las que habrán sucedido cosas similares delante de nuestros ojos y no las notamos.
¿Cuál es el velo que nos tapa de los detalles que suceden todo el tiempo alrededor?
¿De cuántas cosas nos estaremos perdiendo?
Espero que algún día aprendamos a perdonarnos por ser tan ciegos.
lunes, 14 de enero de 2013
El fin del mundo
Aclaración: No pretende esto ser un balance del año, sino más bien un relato de algo muy importante que aprendí. Por eso tambien me tomé mi tiempo en subir este post y no hacerlo pegado al comienzo del año.
Otra vez un hecho de la vida encerró una metáfora en sí mismo. Era la última noche del 2012 y me planteaba si seguir con mi desafío de todos los fines de año. Cada año nuevo me proponía romper mi récord de bombones helados consumidos durante la noche. Lejos de comer 10 u 11 helados como me correspondía, no ingerí ni uno, me dolía el estómago. Podría haberme destrozado igual aprovechando mi carencia de planes para los días venideros, pero decidí poner un punto final y asumirlo: mi sistema digestivo ya no es lo que solía ser. Venía estirando un hecho que debía haber admitido hace años ya, pero temía ponerme fatalista y pensar "a partir de ahora nunca más haré lo que todos los años nuevos".
Entonces me di cuenta que era hora de empezar a afrontar algo que me encargué de generar durante todo el 2012. "Año de cambios" leí en muchos lugares, "el fin no de la especie, sino del mundo como lo conocemos". Creí apasionadamente en eso, pero considerando que a lo largo del año no cambiarían las cosas de manera drástica, sino que se plantarían las semillas, los cimientos, las primeras ideas para una nueva era. Lo mismo elegí para mí.
Porque como pensaba en la fiesta... ya no soy el mismo. Mi vida de ahora en más se irá llenando de nuevos "nunca más".
Ya no puedo comer 11 helados seguidos, no puedo pasar horas y días jugando videojuegos porque me duele la espalda y la vista, ya no puedo escuchar música a niveles altísimos porque la profesión que elegí deteriorará de por sí mis oídos y ahora requieren un cuidado especial para durar más. Ya no puedo pasar días y días encerrado haciendo nada porque ya no es una forma de rebelarme contra una vida que me imponía día tras día ir a la escuela a ser torturado con imposiciones inútiles.
Ahora tengo libres las riendas de mi vida y aunque no me anime a hacer todo de golpe, las tengo que ir tomando. Eso no significa que deba cambiar mi esencia: tendré que aprender a ser un adulto que juega videojuegos cuando puede y como puede, porque lo disfruta, no porque es algo más de lo que se aferra de la infancia. Que disfruta de las golosinas como un placer esporádico, que ama la música y ahora además de escucharla la hace. Mi rebeldía se materializará en acciones, no en inercia.
En el transcurso del año me dediqué a hacer lo primero que creo que hay que hacer para decidirse por un cambio: encontrar razones para no seguir igual. Nunca me había enfrentado tanto a mí mismo como en ese año. Fue una batalla cruel y sanguinaria, abrí mis ojos ante errores y defectos enterrados, me odié como pocas veces. Y tambien me dejé llevar por placeres propios de la etapa de la vida en la cual se supone que debería estar, dejando ir como el lastre la idea de que todo en torno a crecer es pérdida.
Creo que siempre seré melancólico y nostálgico, porque esa es la forma en la que la vida eligió que la viera, pero aunque parezca una paradoja hoy día son esas mismas características las que me impulsan a tomar estas decisiones.
A lo largo del año me dediqué a abrir un camino nuevo el cual aún no empecé realmente a andar porque así somos los mortales, tememos más a lo desconocido que a lo que conocemos y sabemos que es malo.
Necesito tiempo y algo de apoyo. Jamás hubiera pensado que pedir ayuda fuese un acto para el cual habría que juntar coraje.
Otra vez un hecho de la vida encerró una metáfora en sí mismo. Era la última noche del 2012 y me planteaba si seguir con mi desafío de todos los fines de año. Cada año nuevo me proponía romper mi récord de bombones helados consumidos durante la noche. Lejos de comer 10 u 11 helados como me correspondía, no ingerí ni uno, me dolía el estómago. Podría haberme destrozado igual aprovechando mi carencia de planes para los días venideros, pero decidí poner un punto final y asumirlo: mi sistema digestivo ya no es lo que solía ser. Venía estirando un hecho que debía haber admitido hace años ya, pero temía ponerme fatalista y pensar "a partir de ahora nunca más haré lo que todos los años nuevos".
Entonces me di cuenta que era hora de empezar a afrontar algo que me encargué de generar durante todo el 2012. "Año de cambios" leí en muchos lugares, "el fin no de la especie, sino del mundo como lo conocemos". Creí apasionadamente en eso, pero considerando que a lo largo del año no cambiarían las cosas de manera drástica, sino que se plantarían las semillas, los cimientos, las primeras ideas para una nueva era. Lo mismo elegí para mí.
Porque como pensaba en la fiesta... ya no soy el mismo. Mi vida de ahora en más se irá llenando de nuevos "nunca más".
Ya no puedo comer 11 helados seguidos, no puedo pasar horas y días jugando videojuegos porque me duele la espalda y la vista, ya no puedo escuchar música a niveles altísimos porque la profesión que elegí deteriorará de por sí mis oídos y ahora requieren un cuidado especial para durar más. Ya no puedo pasar días y días encerrado haciendo nada porque ya no es una forma de rebelarme contra una vida que me imponía día tras día ir a la escuela a ser torturado con imposiciones inútiles.
Ahora tengo libres las riendas de mi vida y aunque no me anime a hacer todo de golpe, las tengo que ir tomando. Eso no significa que deba cambiar mi esencia: tendré que aprender a ser un adulto que juega videojuegos cuando puede y como puede, porque lo disfruta, no porque es algo más de lo que se aferra de la infancia. Que disfruta de las golosinas como un placer esporádico, que ama la música y ahora además de escucharla la hace. Mi rebeldía se materializará en acciones, no en inercia.
En el transcurso del año me dediqué a hacer lo primero que creo que hay que hacer para decidirse por un cambio: encontrar razones para no seguir igual. Nunca me había enfrentado tanto a mí mismo como en ese año. Fue una batalla cruel y sanguinaria, abrí mis ojos ante errores y defectos enterrados, me odié como pocas veces. Y tambien me dejé llevar por placeres propios de la etapa de la vida en la cual se supone que debería estar, dejando ir como el lastre la idea de que todo en torno a crecer es pérdida.
Creo que siempre seré melancólico y nostálgico, porque esa es la forma en la que la vida eligió que la viera, pero aunque parezca una paradoja hoy día son esas mismas características las que me impulsan a tomar estas decisiones.
A lo largo del año me dediqué a abrir un camino nuevo el cual aún no empecé realmente a andar porque así somos los mortales, tememos más a lo desconocido que a lo que conocemos y sabemos que es malo.
Necesito tiempo y algo de apoyo. Jamás hubiera pensado que pedir ayuda fuese un acto para el cual habría que juntar coraje.
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